FALCONE

¿Qué hace un peronista en el macrismo?

Por CARLOS FALCONE

(Periodista)

 

La llegada del senador Miguel Pichetto al frente Cambiemos tiene un importante valor simbólico. Y los símbolos, por definición, son los que establecen una relación de identidad con una realidad a la que representan.

La realidad en cuestión es la apertura de una oportunidad histórica para que dos sectores de nuestra sociedad, mayoritariamente enfrentados desde hace más de setenta años, protagonicen un encuentro que formalice la creación de un nuevo Frente Nacional.
El 12 de Octubre de 1916 llegaba a la presidencia Hipólito Yrigoyen y con él un frente nacional llamado Unión Cívica Radical que incorporaba a la vida política argentina un sector nuevo, nacido del acriollamiento de la masiva inmigración que nuestro país estaba recibiendo. La clase media argentina se abría camino detrás del caudillo radical para combatir al “régimen falaz y descreído”.
El 4 de Junio de 1946 asumía la presidencia el General Juan Domingo Perón quien se apoyaría en un nuevo Frente Nacional que incorporaba a la clase trabajadora, un sector social que se había creado a través de la inmigración interna a Buenos Aires desde las provincias, atraída por la creciente industrialización que provocaba en el país la sustitución de productos industriales importados de los países que se encontraban envueltos en la segunda guerra mundial.
El protagonismo central que ejercía la oligarquía terrateniente marcó el destino de ambos caudillos y el de la continuidad de sus partidos políticos. También el de los argentinos. Trágicos enfrentamientos, sangrientos sucesos, menoscabo de las instituciones democráticas, fueron minando no solo la vida política, sino también la vida diaria de los argentinos.
Los trabajadores y la clase media parecían vivir en dos países distintos, enemigos y enfrentados con saña fratricida. El telón de fondo era el poder que ejercía la oligarquía terrateniente que medraba con la división y se enriquecía con el empobrecimiento general.
Esta oligarquía terrateniente, que fue combatida por Yrigoyen y por Perón, poseía los campos de la pampa húmeda que son la llave del desarrollo económico nacional, pero su actitud parasitaria los mantenía en un límite de producción que no lo permitía.
Sin embargo, esa oligarquía, a la que no se podía cambiar ni desposeer, se fue extinguiendo sola desde mediados de los ochenta al irse dividiendo las grandes extensiones de los terratenientes por el simple arbitrio de la división entre los hijos de sus dueños.
Se termina así un factor de poder que manejaba vidas y haciendas y comienza a crecer de una manera casi inadvertida pero creciente, una burguesía rural que se lanza a la incorporación de tecnología y ciencia en sus plantaciones y con los planteles de ganado, logrando un extraordinario avance económico para el país.
El fin de época que significa la desaparición de la oligarquía y el nacimiento de esta notable burguesía agraria ha dejado también sumidos en el desconcierto a los dos grandes partidos populares de la argentina. ¿Que los une, que los separa?. Detrás de ellos la clase trabajadora y la clase media argentina vota un día una cosa y otro la opuesta, sin abandonar lo que parece ser un odio sin sentido e irreconciliable.
La llegada del peronismo a Cambiemos es tan fuerte que hasta el nombre le ha cambiado. Pero esto sucede no solamente por lo que significa el peronismo, sino porque su presencia pone el elemento faltante para la creación de un nuevo Frente Nacional que una a los dos grandes partidos populares de la Argentina, que es como decir que una a la clase media y a la clase trabajadora en un solo proyecto, en una sola dirección.
Juntos por el Cambio puede ser la trabajosa y dolorosa herramienta con que los argentinos dejemos de lado el pasado que ya no existe y nos decidamos a tomar el camino que hace ya tanto tiempo nos indicara visionariamente Ortega y Gasset:: “argentinos, a las cosas!”

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