El coronavirus pateó el tablero

El sistema financiero global  pretende mantener la lógica impuesta hace 40 años atrás

Por ESTEBAN RODRIGUEZ (dirigente de Apyme)

 

La globalización se generalizó en el mundo a partir de la caída del muro de Berlín, pero comenzó su camino a mediados de la década del 70, cuando los Estados Unidos decidieron salir de la convertibilidad de su moneda, el dólar, del patrón oro. Este fenómeno, cambio la lógica del mercado financiero. Cambio el funcionamiento de los bancos, que hasta ese momento financiaban el desarrollo del proceso productivo, porque el motor de la economía era la producción. Modificaron el criterio, impusieron como valor esencial a la “inversión”, ósea el dinero, con el consiguiente beneficio. Supeditando al capital social, el trabajo, a criterios exclusivamente de rentabilidad.

Me parece que estoy hablando en blanco y negro, así definían mis hijos a algunos términos que utilizaba y ellos desconocían.

Hoy el mundo tal cual lo conocemos está en situación de jaque mate. Los patrones de razonamiento aplicados por el sistema financiero, que tienen su propia dinámica, quedaron aislados del sistema económico mundial y esto es así, porque la condición sine qua non es que sus peones, el sistema productivo en general, está paralizado. Por lo tanto no hay quien genere valor agregado y la rentabilidad que generaba el trabajo desapareció. Sin embargo el sistema financiero global  pretende mantener la lógica impuesta hace 40 años atrás.

Pensando en blanco y negro. Cuando el sentido común de los países, disputaba su participación en el desarrollo de sus economías, sabían que el conocimiento científico-técnico, era el potencial secreto del crecimiento económico. Entonces había países desarrollados, subdesarrollados y países pobres. Estos parámetros actualizados se convirtieron en mercados con economías desarrolladas y sistemas financieros fuertes, emergentes por su potencial en recursos naturales y pobres, que dependen de sus climas para poder vivir del servicio turístico.

A grandes rasgos este es el mundo donde aparece la pandemia del covid-19. Un mundo que le debe al sistema financiero globalizado, dos veces y media su producción de recursos anuales. Quiere decir que el mundo les debe a los prestamistas globalizados, amparados por leyes que cubren sus “inversiones” y/o “prestamos”, dos años y medio de su trabajo productivo.

“SISTEMA” EN PELIGRO

El coronavirus pateó el tablero. Ahora no hay trabajadores que generen valor agregado, no hay consumidores que generen rentabilidad, y no hay empresas que paguen dividendos. Con estas evidencias el “sistema” corre peligro de extinción.

En Argentina los sectores productivos pequeños y medianos dejaron de producir 115 millones de dólares diariamente, y llevan 30 días en esta situación. El 54% de las empresas tuvieron 0 de facturación, la construcción está por debajo del 25%, la manufactura en caída libre, hoy alcanza al 65% de su actividad y el comercio mantiene sus persianas bajas en el orden del 61%. Están en riesgo 600.000 puestos de trabajo, y todavía el sistema financiero sigue exigiendo garantías al Estado para aportar liquidez al mercado de la producción y el trabajo.

Sostienen tasas usurarias de hasta el 50% en créditos personales, tarjetas de crédito, etc. Bancos extranjeros siguen fugando divisas a través del contado con liquid desde la Bolsa, llevando el valor de la moneda internacional a $95, y cubren a los especuladores que tratan de disminuir pérdidas. Las empresas que concentran la producción de alimentos aumentan los precios siguiendo esta misma lógica.

PRESTAMOS NECESARIOS

Esto tiene que llegar a su fin, más temprano que tarde, para no someter al pueblo argentino a vivir con la lógica usuraria.

En este contexto, los bancos tienen que prestar a tasas 0, con un año de gracia y si es necesario en 60 cuotas. Tienen que poner el capital necesario en un fondo fiduciario, para que las empresas no quiebren por que se rompió la cadena de pagos. Si es necesario aportar al sistema de salud para que pueda cumplir su rol eficazmente, fortalecido su lucha contra la muerte amenazante del virus. Los bancos, grandes ganadores de estos últimos y nefastos cuarenta años, deben apostar al futuro más que ningún otro “inversor” si quieren seguir siendo bancos.

El mundo sin riesgos financieros que obligó a los países a vivir endeudados, a pagar con la venta de sus servicios esenciales, con sus riquezas naturales, el sacrificio y el hambre de su gente, terminó en China con la aparición del Covid-19.

Los pueblos no deben pagar la catástrofe que género el cambio del orden de los valores. La vida debe volver a ocupar el lugar que nunca debió perder y la humanidad tiene que establecer un nuevo contrato social que permita disfrutarla.

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