Cuarentena: hoy es el día después

Por ALBERTO ESNAOLA (dirigente radical)

 

La cuarentena, es sin duda, el Cisne Negro del año 2020, de dimensión planetaria y abarcativa de todas las actividades de índole social, desde la economía, el deporte y la industria hasta la vida privada de todos nosotros.

Partiendo de la premisa innegociable de que la salud de cualquier sociedad es innegociable, entendiendo que cualquier dicotomía que pretenda enfrentar Salud vs Democracia; Salud vs Economía; Salud vs Libertad y cualquier otra contradicción es falsa. La idea es intentar hablar del día después, mejor dicho expresar que ya hoy es el día después.

El paso del tiempo y la angustia que genera el encierro en toda la población, aún en quienes poseemos un grado de confort razonable, conlleva a necesidades e incertidumbres de todo tipo, por sobre todo tipo de origen económico y psicológico.

Hasta la fecha se ha realizado un esfuerzo importante de todo el conjunto de la sociedad para respetar la consigna “Quedate en casa”, pero lo evidente, marca un relajamiento gradual y acelerado que prevé una salida anárquica que sería dañosa por partida doble, primero sanitaria y segundo implicaría una pérdida de autoridad que haría muy difícil reimplantar medidas de aislamiento.

Algunos datos locales así lo indican y el movimiento que se ve en las calles. Una importante estación de servicio tuvo un incremento de más del 20% entre semana y semana. De 6.000 pasaron a vender  9.000  litros. Indicador determinante del incremento de gente en la calle.

Hasta acá lo conocido. Ahora, ¿cuál es la salida?

Como hecho inédito no encontramos experiencias anteriores que valgan de referencia con lo cual hay que apelar a los recursos propios y a aquellos que pueda crear nuestra imaginación, y lo único que abunda respecto de cuestiones materiales es la escasez.

No es fácil hoy ser gobernante o administrador del poder público sin que eso implique críticas cerriles o alabazas desmedidas. Si la fama es una gran impostora, su contraparte también lo es.

Yendo al centro de la cuestión, encontramos que el mayor desafío es la salida de esta parálisis que implique equilibrar los dos elementos esenciales: el tiempo ganado a la pandemia en cuanto a la salud y la necesidad de volver a normalizar la economía para alivianar el peso a los sectores más vulnerables.

Para ello es necesario un dirigencia política que reúna la pizca justa de audacia y responsabilidad, entendiendo que la inmovilidad es el mayor yerro que pudiera cometer, es preferible un ensayo de prueba y error a no tomar decisiones y que los hechos sucedan en forma de tsunami y fuera de nuestro control.

La salida de la cuarentena será de hecho, no provendrá de un anuncio oficial único, siendo por eso lo atinado y urgente que las autoridades se pongan al frente y vayan por delante de los acontecimientos, aun con errores que terminar penando detrás de ellos. De suceder esto último el esfuerzo del encierro habrá sido en vano.

A mi juicio, y sin ser quién para decir qué hacer, creo que la audacia consiste en avalar aperturas sobre todo al mediano y al pequeño comerciante, actividades recreativas, deportivas individuales o de baja intensidad al aire libre (tenis, golf, atletismo, arquería, si arquería, etc, etc) utilizando los criterios sanitarios y protocolos adecuados. Otros municipios en Provincia de Buenos Aires ya lo han hecho.

Diseñar la apertura en criterios sobre permisos basados en densidad poblacional por metros cuadrados por ejemplo: hasta 50 metros equis cantidad y así por parámetros llegar al tope de superficie, para volver a una apertura gradual de la economía local.

Destacar claramente actividades y así ponerse en la delantera de los acontecimientos que en verdad protejan el esfuerzo hasta acá realizado por toda la comunidad, trabajadores de la salud y fuerzas de seguridad en particular pero no únicos, y a su vez generar condiciones objetivas para poner en marcha la economía.

Para la política local, política entendida como la actividad totalizadora, es una oportunidad de oro para hacer una convocatoria a un Consejo Político Social que incluya no sólo al Comité de Crisis hoy bastante desdibujado, con partidos políticos, expresiones religiosas imponiendo una visión ecuménica, organizaciones intermedias locales (cámaras) que reúnen vastos actores económicos claramente perjudicados, sindicatos, etc etc.

Eso no sólo no menguaría el poder político institucional, sino que -por el contrario- legitimaria sus decisiones y las dotaría del consenso necesario para imponerlas en los hechos más allá de un decreto.

Es mucho el esfuerzo realizado por todos, desde los gobernantes al ciudadano de a pie. Si quienes gobiernan no son capaces de reaccionar rápido no habrán comprendido, como el título del gran disco de Prince lo dice, El Signo de los Tiempos.

 

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