El límite es el comienzo…

Por RICARDO CALCABRINI (divulgador)

 

El escritor y estudioso del espíritu humano Malidoma Somé  sostiene que “…todos tenemos una herida por sanar y un regalo para dar…”. Quizás, el primer paso sea comprender que si ayudamos a sanar al otro, nos estamos comenzando a sanar nosotros mismos. Ayudar, puede ser un hermoso regalo del que siempre disponemos a mano y -sin esperar nada a cambio-, con certeza, vamos a estar sanando “esa” herida que tanto nos acompaña y nos comprime el alma.

¿Por qué nos cuesta tanto entender esto? ¿Por qué nos parece absurdo pensar en el prójimo antes que en uno mismo? Quizá, porque venimos guionados desde antes de nacer. Nos dan un nombre (que vaya uno a saber, qué significa, a quién pretende homenajear y –fundamentalmente- cuánto pesa esa mochila), un idioma, usos y costumbres. Lo que está bien, aquello que está mal y lo que se espera de nosotros (el sueño consciente o inconsciente de nuestros padres). El espacio que nos queda para hacer nuestra propia historia y no repetir el guión, es bastante pequeño. Cuando a eso le sumamos los mandatos socio-culturales, los dictados urgentes e imperiosos de la sociedad de consumo, la necesidad excluyente de “éxito” (de aquel que se mide según   cómo te vean los otros y no cómo te sentís vos), el sendero de nuestra propia historia, de tan estrecho, se transforma en casi intransitable. Entonces, creemos que seguir el camino pre- escrito es más sencillo. Lo es, pero, nos conduce “con éxito total” hacia la meta del individualismo, la soledad y la consiguiente angustia existencial. Lejos, muy lejos, de la plenitud y la libertad para las que nacimos en el plan original.

Para encontrar nuestro propio y genuino camino, es preciso encarar una ardua tarea: animarnos a conocer y desentrañar los verdaderos deseos de un absoluto desconocido, uno mismo. Mirar hacia lo profundo de nuestra alma abismal, para encontrarnos, para reconocernos y descubrir ese ser único ymaravilloso que habita en nosotros, es una empresa arqueológica fascinante. Para valientes.

“Si fuera tan sencillo…”, piensan los escépticos. ¿Cuántas personas estarían todavía alumbrándose con velas si nadie hubiese admitido la realidad de la electricidad? El cambio es posible porque, sencillamente, lo único permanente en la vida, es el cambio. Podemos y debemos ser los maestros de nosotros mismos. Sólo hay que reparar en algo muy importante: el profesor llega, sólo cuando el alumno está preparado…

“Para alcanzar la verdad, es necesario, una vez en la vida, desprenderse de todas las enseñanzas recibidas y reconstruir desde los cimientos…”René Descartes.

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