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Apuntes sobre la fundación de Necochea

Por MARTIN PETERSEN (autor de “Pequeñas historias portuarias del Quequén Grande”)

 

El próximo 12 de octubre se cumplen 139 de años de la fundación de la ciudad de Necochea y, como ocurre con otras efemérides, la conmemoración constituye una nueva oportunidad para reflexionar acerca de los procesos sociales, económicos y políticos que le dieron forma a nuestra ciudad. En ese sentido, es posible ubicar, por lo menos, cuatro procesos que explicaron el cuándo, el porqué y el dónde de la fundación de Necochea.

Por un lado, la primera referencia obligada refiere al rol de la familia Díaz Vélez en la ocupación efectiva de las tierras del futuro Partido de Necochea. Aunque los antecedentes se remontan al año 1829, las primeras fuentes escritas que dan cuentan de la existencia de una actividad económica pueden ser ubicadas recién en 1840, a través del intercambio epistolar realizado entre Carmen Guerrero de Díaz Vélez –esposa del, por entonces, exiliado Eustoquio Díaz Vélez– y Tomás Cruz, responsable de la administración de la estancia “El Carmen” propiedad de la mencionada familia. Otra referencia ineludible es proporcionada por la división de bienes de la familia Guerrero ocurrida en el año 1841 y de donde es posible inferir un modesto desarrollo agrícola asociado a un mercado regional cuyo epicentro podríamos ubicar en Tandil.

Por otra parte, las gestiones impulsadas por Benito Machado orientadas a formalizar la fundación de un pueblo cabecera del Partido de la Lobería Grande constituyen, sin lugar a dudas, el primer intento en establecer un centro urbano sobre la “otra” orilla del Quequén Grande.

Machado, acompañado por un grupo de terratenientes -propietarios de las tierras ubicadas en las adyacencias del Quequén- intentó sin éxito establecer un poblado que cubriera las demandas de una población en constante crecimiento caracterizado por una fuerte dispersión a lo largo de su vasto territorio.

NEGATIVA DE GUERRICO

La férrea negativa del influyente Manuel Guerrico, propietario de las tierras ubicadas sobre la desembocadura, frustró los proyectos de Machado argumentando, entre otras cuestiones, la inutilidad de las tierras destinadas al futuro pueblo como resultado de ubicarse sobre las dunas de la costa.

En respuesta al pedido de Machado, Guerrico aconsejó establecer el futuro pueblo sobre la costa del río pero más allá de los límites de su propiedad –y, por lo tanto, alejado de la desembocadura-. Esta disputa logró resolverse recién a finales de los ochenta del siglo XIX cuando el gobierno autorizó la fundación del pueblo de Lobería en su actual emplazamiento y la empresa “Ciudad de Quequén S. A.”, propiedad de la familia Guerrico, inició el loteo de la actual ciudad de Quequén.

En tercer lugar, la creación del Partido de Necochea ocurrida en julio de 1865 cumplió el doble objetivo de fortalecer el control de los territorios más alejados de Buenos Aires a la vez que posibilitó la formación de una dirigencia con base regional que, bajo el liderazgo del Juez de Paz Anasagasti, impulsaría, años más tarde, la fundación del pueblo cabecera. A través del Juzgado de Paz, los diferentes actores vinculados económicamente a la región le dieron forma a un instrumento que canalizó las demandas generadas a partir del crecimiento económico y demográfico apoyado en un temprano desarrollo de la ganadería. Es interesante destacar que, más allá del fracaso de Machado, la dirigencia asociada al recién creado Partido de Necochea continuó con las gestiones orientadas a la formación de un pueblo sobre la margen derecha del Quequén Grande bajo propiedad de la familia Díaz Vélez.

En este sentido, a partir del análisis de los documentos del período es posible afirmar que la negativa a la expropiación de las tierras por parte de los Díaz Vélez y los conflictos políticos al interior del Juzgado de Paz -en el marco de las fluctuantes relaciones con el gobierno de la provincia de Buenos Aires– demoraron las gestiones sobre la fundación del futuro pueblo nacidas a partir de los restos del naufragio del “Filántropo” ocurrido en mayo de 1873.

Por último, el desarrollo económico vinculado a la ganadería –ovina y bovina– motorizó, desde mediados del siglo XIX, la ocupación económica de la región a la vez que fomentó un temprano desarrollo de la actividad portuaria.

CONEXION CON BUENOS AIRES

Si bien otras regiones de la provincia asistieron a un proceso similar en materia de desarrollo ganadero, la dirigencia asociada al recién creado Partido de Necochea comprendió la necesidad de garantizar una conexión directa a Buenos Aires a través de una vía marítima alternativa con respecto a los costosos fletes ofrecidos por las tradicionales “compañías de carruajes”.

En esta línea de análisis, los reclamos y gestiones en materia portuaria realizados en 1855, 1857, 1863, 1870, 1878, y 1879 y 1880 por dirigentes y productores ubicados en los alrededores del Quequén Grande, permiten suponer la consolidación de un incipiente mercado regional sobre la base de una, también incipiente, identidad portuaria nacida a las sombras de los altos precios en materia de fletes terrestres y el tardío desarrollo en materia ferroviaria.

A partir de este complejo y multifacético escenario, un grupo de terratenientes y comerciantes –cuyas edades oscilaban entre los 25 y 40 años- iniciaron un tortuoso recorrido institucional ante las autoridades provinciales con el objetivo de fundar un pueblo cabecera que cubriera las necesidades de una población y una dirigencia política en formación.

A finales de los años setenta del siglo XIX, y con posterioridad los debates legislativos sobre la fundación de Necochea, las diferencias en torno a la ubicación (sobre la zona norte del Partido o la desembocadura del Quequén) o la superficie del futuro pueblo (2 o 4 leguas) debieron esperar como resultado de la conflictiva situación política al interior de la ciudad de Buenos Aires. Una vez resuelta, bajo el liderazgo del gobernador Dardo Rocha, Murga y de la Canal iniciaron las tratativas orientadas a formalizar la fundación del pueblo, exigiendo el envío de un agrimensor para delimitar los límites del ejido urbano y así, el miércoles 12 de octubre de 1881, formalizar la fundación del pueblo de Necochea.

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