Las manos sangrientas de la codicia

Por ESTEBAN RODRIGUEZ (colaboración)

 

Es difícil escribir con tanto dolor circulando por la memoria, es como un estado de ánimo que no te deja entender y racionalizar el sentimiento, porque inmediatamente, en la próxima esquina, otro recuerdo brota insultante. Es esto que nos pasa a los seres sociales, no poder asociar tanto desprecio por la vida con la perversión o la codicia. Se mezclan y sentís el golpe.

A veces intento imaginar el estado de locura que puede haber en una mente que construye y aplica  una estrategia de dominación tan cruel y despiadada. Supongo que puede ser ancestral, porque tres generaciones después de lo acontecido, Lucas cuenta en episodios, cómo un hombre que pretendió multiplicar peces y panes, terminó clavado y sangrando en una cruz. Una imagen cruel retratada y difundida en todo el planeta al servicio del miedo.

Los creadores del Plan Cóndor, supongo ex marines derrotados por el pueblo vietnamita, llenos de odio  y frustraciones, impotentes ante tanta creatividad para la lucha y convicción en sus ideales expresada por el Vietcong, aumento la sed de su venganza, planificando con crueldad cada detalle, para reeditar una nueva modalidad del feudalismo, escrita a sangre y fuego. Ni ellos habrán soñado que llegarían tan lejos.

La dictadura golpeó la inocencia de los jóvenes que latían el llamado de la Patria, convocados a ser los protagonistas de la independencia soberana que construya su propio destino.

Lo que viene ahora es una síntesis de los daños ocasionados por estos serviles guardianes de las elites dominantes, privilegiados con statu quo, capaces de comprar asesinos en un mercado de mercenarios que no encuentran otra forma de seguir viviendo, sino es matando o buscando su propia muerte.

Los 30000 desaparecidos fue el precio que pago la generación que amo la patria, los que querían un mundo mejor, más justo y menos desigual.  La dictadura cívico-militar tenía un objetivo fundamental; terminar de una vez y para siempre con la idea de una sociedad con derechos, justa, libre, soberana, inclusiva y esencialmente participativa y democrática.

La dictadura civico- militar encabezó el primer ciclo neoliberal de empobrecimiento en nuestro país, arranco con un 5% de la población en situación de pobreza en Marzo del 76 y nos dejó  un 37,4% al finalizar su gestión.

Se cerraron 11000 pequeñas y medianas empresas, las colas de desocupados e indigentes comenzaron a ser parte de nuestra geografía urbana.

La dictadura civico-militar congeló los salarios y la transferencia de ingresos aumento en un 37% la rentabilidad de los grupos monopólicos concentrados.

Empresarios paradigmáticos como Franco Macri pasaron de tener cuatro empresas en 1975 a 47 empresas en 1983, mientras le facturaron al gobierno de Martínez de Hoz 17.000 millones de dólares, y para que cierre bien el negocio, fueron beneficiados con la pesificación de la deuda hecha por el Banco Cedntral  en 1982, bajo la presidencia de Domingo Cavallo y la administración contable de Carlos  Melconián.

La dictadura civico-militar nos dejó sin soberanía monetaria, porque nuestra deuda creció de 6.500 millones de dólares en 1975 a 45.000 millones cuando asumió Alfonsín.

Iniciaron el ciclo de endeudamiento fraudulento, que condiciono nuestro crecimiento y bienestar. Le dio vida a la patria financiera cambiando la ley de entidades financieras, permitiendo a través de una tablita cambiaria rentabilidad en dólares que superaron el 10% anual.

La dictadura civico-militar es el comienzo de la aplicación de políticas neoliberales a sangre y fuego, con centros clandestinos de detención, secuestros y torturas que nos dejó una generación diezmada y si bien no pudo destruir completamente los sueños, condicionó el desarrollo y la distribución de la riqueza.

La dictadura civico-militar fue enjuiciada por el genocidio cometido desde el Estado contra un pueblo indefenso y sometido por la fuerza. Pero la parte civca que planificó, financióy se apropió de nuestras riquezas a través de un endeudamiento asesino y brutal, todavía goza de buena salud por una Justicia cómplice y ciega que justifica la desigualdad  amparada por resabios coloniales que infectan nuestras leyes y nuestro futuro.

La dictadura civico-militar no podría haber sido juzgada por la sociedad y la historia, sin la presencia de Las Madres y Abuelas, que reclamaron por la vida de sus hijos y nietos cada jueves en Plaza de Mayo. Pañuelos convertidos en banderas de lucha, en símbolos de Memoria, verdad y justicia.  Un párrafo, una síntesis de mi agradecimiento eterno.

Nunca más

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