Las mil facetas de una guerra

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Por ERIKA ROSENBERG (periodista y escritora)

 

Cuándo ya creíamos que la humanidad había experimentado la desazón, el horror, la muerte,  la pérdida que ocasionan las guerras y que tales terroríficos ejemplos nos mantendrían lejos de ella, haciendo un culto de la paz, constatamos repentinamente que es justo el ser humano el único animal que repite una y otra vez  errores de antaño. Siempre suponíamos que la guerra sucedía en otro lado, lejos de nosotros y que sólo se trataba de colisiones geopolíticas, instrumentadas por intereses económicos, territoriales, religiosos, hasta étnicos.

Desde febrero tratan algunos de encontrarle alguna razón a la contienda bélica entre Rusia y Ucrania, o bien Ucrania y Rusia.

A mi humilde entender, ambos gobiernos van de desacierto en desacierto jugando sobre un tablero de ajedrez sin saber exactamente cómo mover las piezas. Las únicas marionetas son los pueblos, los civiles, soldados, partisanos, aquellos que se consideran patriotas y es justamente en este ejército de inculposos, de víctimas en donde se generan las bajas. Los verdaderos culpables se parapetan detrás de sus muros cobijados por lobbys sin entender que un pedazo más de territorio, un contrato más no tiene valor  comparativo con la vida de tantas personas, con el desarraigo, la pérdida del hogar, familia, patria.

Pero me pregunto una y otra vez que es la Patria? Po rqué no tiene para todos el mismo significado. Para un político y depende mucho de qué origen, la patria es sólo su bolsillo. Viniendo de Sudameríca todos sabemos que corrupción también es guerra pero de implosión, es decir para adentro.

Hemos vivido muchos tipos de guerra, pero siempre como observadores, por suerte nunca como protagonistas y conociendo el paño puedo aseverar que sí somos sobrevivientes y que Dios es por ende argentino.

Pero ahora quiero relatarles sobre una  guerra que tiene en vilo a Europa y USA. Viéndola de cerca, respirando ese aire tan patriótico de los ucranianos, el temor se hace carne.

Hablando en reportajes con civiles, haciendo tomas para la documental, vivenciando el día a día se eriza la piel.

Al llegar a Kiew nosotros sabíamos que seríamos observadores participando sólo por unos días del acontecer. Y que luego al terminar nuestro trabajo volveríamos a territorio seguro, territorio ¿seguro? ¿¡está seguro este mundo?) y que muchas de las vivencias pasarían al anecdotario de nuestras vidas, pero los otros, los que quedaban, los que aún pelean, porque no están muertos, como dijera Almafuerte, se convertirán tal vez en carne de cañón de los caprichos de dos mandatarios inescrupulosos: Putin y Zelensky. Ambos no tienen miramientos para sus pueblos. Enardecidos por ganar una triste batalla, en la guerra no hay ni vencedores, ni vencidos, sólo pérdidas espirituales. como lo dijera antes, mueven las piezas psicopáticamente sobre un tablero de ajedrez.

Esperemos todos que pronto finalice esta contienda y no se convierta en un marasmo del que no pueda salir  la humanidad nunca más.

Está a vistas que la finalidad es cambiar el des-orden al que nos habíamos acostumbrado. Primero la pandemia, luego las vacunas, el negocio con ellas, con barbijos, los vacunatorios vip, las fiestas mientras nosotros estábamos en cuarentena, la impararable inflación… y ahora le echamos la culpa a la guerra. Sí, una guerra siempre es culpable, nos afecta a todos, pero influye a un país que ya libera una guerra hace años con los mismos ciudadanos?

 

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